Alimentación no láctea (Recomendaciones de la Rama de Nutrición de la Sociedad Chilena de Pediatría).
Entendemos por alimentación complementaria la administración de cualquier alimento distinto a la leche materna o fórmula modificada, la cual debe estar orientada a complementar todos los nutrientes que el niño necesita a esa edad y a lograr el desarrollo normal de la conducta alimentaria.
La introducción de alimentación complementaria se recomienda a partir de los 6 meses, tanto para aquellos lactantes que venían siendo alimentados al pecho exclusivo como para aquellos con fórmulas artificiales. Estudios observacionales en países desarrollados y subdesarrollados han demostrado que el pecho exclusivo por 6 meses puede reducir el riesgo de morbilidad por diarrea y la obesidad en edades posteriores.

Se recomienda iniciar con papilla o puré mixto y postre de frutas, el puré debe contener cereales, verduras, aceite vegetal y alimentos proteicos como carne, y no se debe agregar sal a las comidas, ni azúcar a los postres. Los endulzantes artificiales como la sacarina y aspartame no deben ser utilizados en los alimentos para lactantes.
El contenido calórico de estas papillas ha variado según las nuevas pautas sope los requerimientos energéticos de la FAO/WHO/UNU que son entre 7 a 31% menores que los recomendados por la OMS/ONU en 1985.
Para calcular cuanta energía debe contener la alimentación complementaria en las distintas edades se resta a la recomendación de calorías la cantidad aportada por la leche materna o artificial, determinando el reporte de la FAO/OMS que, considerando el número de comidas, a lo menos 2 diarias, éstas debieran tener una densidad energética de 0,8 a 0,9 kcal/g. La cantidad de energía obtenida desde las grasas de la dieta de los lactantes bajo los 2 años debe estar entre el 30 a 45% del total de la energía.
El aporte proteico recomendado por la IDECG es un 27 a 35% menor que el propuesto por la OMS/UNU en 1985. La alimentación en los primeros años cumple muy bien estos requerimientos y el problema está más bien en el posible consumo excesivo de proteínas por nuestros niños, que pueden alcanzar 2 a 3 veces lo recomendado, lo cual puede traer complicaciones asociadas a la elevada carga renal de solutos, al aumento de algunos aminoácidos plasmáticos (con efectos sobre el sistema hormonal y de neurotransmisores), y también por el aumento parcial de los requerimientos de otros nutrientes (ej zinc).
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